Reconocer a tiempo los síntomas es clave para evitar complicaciones y aliviar el dolor que puede persistir meses después de la infección.
El herpes zóster, a la que también se le conoce como culebrilla, es una infección viral que afecta a muchas personas, especialmente a partir de los 50 años.
Identificar sus síntomas a tiempo es fundamental para evitar complicaciones, reducir el dolor y recibir un tratamiento adecuado. En este artículo, te explicamos cómo identificarlo, la intensidad del dolor, las posibles secuelas y el por qué las personas mayores son más vulnerables.
¿Qué es el herpes zóster?
Es la reactivación del virus que causa la varicela en la infancia, y una vez recuperado de esta enfermedad, permanece en el sistema nervioso generando la aparición del herpes zóster.

Características del herpes zóster
Aparecen pequeñas ampollas agrupadas que evolucionan en la zona afectada:
- Son rojizas y llenas de líquido.
- Se localizan típicamente en un solo lado del torso, pero también pueden afectar la cara, cuello o extremidades.
- Tras varios días, las ampollas se rompen y forman costras.
- El proceso puede durar entre 2 y 4 semanas.
Herpes zóster: síntomas
Los primeros síntomas pueden ser sutiles y confundirse con otras afecciones. Entre los más comunes están:
- Dolor intenso y ardor localizado: generalmente en un solo lado del cuerpo.
- Hormigueo o picazón: sensación incómoda en la piel antes de que aparezcan las lesiones.
- Sensibilidad aumentada: la piel puede volverse extremadamente sensible al tacto.
- Malestar general: fiebre leve, cansancio y dolor de cabeza pueden presentarse antes de las lesiones.
Es fundamental prestar atención a estas señales, especialmente si sientes un dolor inexplicable en un área específica.

¿Por qué es importante tratar a tiempo el herpes zóster?
El herpes zóster puede causar un dolor intenso llamado neuralgia postherpética, que persiste incluso después de que la erupción desaparece. Esta complicación es más común en personas mayores y puede durar meses o años, afectando seriamente la calidad de vida. Además, el virus puede dejar secuelas como: cambios en la sensibilidad de la piel, problemas visuales si afecta la zona ocular y en casos raros, parálisis facial o daño nervioso grave.
Herpes zóster: vulnerabilidad a partir de los 50 años
A partir de los 50 años, el sistema inmunológico se debilita progresivamente, lo que facilita la reactivación del virus varicela-zóster. Las razones principales incluyen: disminución natural de la inmunidad con la edad, estrés, enfermedades crónicas (diabetes, VIH, cáncer) y uso de medicamentos inmunosupresores.
Un diagnóstico y tratamiento oportuno pueden minimizar las secuelas y acelerar la recuperación.
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